La carimba
Palabra de origen portugués y designa al hierro utilizado para marcar los esclavos, tanto en la operación de embarque en África, como en el desembarque en las posesiones americanas.
Fue llamado de esta manera en la mayoría de los países latinoamericanos, con excepción de Cuba y Bolivia, donde se lo llamó calimba y en Perú donde el nombre fue carimbo.
Cumplía la misma función que las “marcas aplicadas al ganado” (con un hierro al rojo se marcaban los esclavos), pues servían para demostrar la propiedad del “introductor legal”. Casi siempre tenían signos o letras que identificaban al propietario y son posibles de encontrar en legajos del Archivo General de la Nación referidos a compras de esclavos, sirviendo también para el control de las caravanas de esclavos que partían de Buenos Aires al interior, pues su ausencia denunciaba el ingreso irregular (contrabando).
La operación de marcar o carimbar a los esclavos se realizaba a continuación del palmeo y volvía a ser otro episodio terrorífico para los esclavos. Se la aplicaba en el pecho o los omóplatos en los hombres y en los glúteos a las mujeres, casi siempre cerca de la anterior marca aplicada al embarcar. (Eran remarcados en el destino).
Dio lugar a más de una escena de rebeldía o intentos de fuga masivos, a pesar de encontrarse encadenados y en tierras extrañas. Se siguió practicando esta bárbara costumbre en Buenos Aires hasta que el ministro Gálvez la suprimió por R. O. del 4 de noviembre de 1784.
Una vez terminada esta etapa, se concentraba a los negros en determinados lugares, casi siempre en la plaza de la Aduana, para proceder a su venta. (Juan Carlos Coria pasado y presente de los negros en Buenos Aires)
Los esclavos en el V. del Rió de la Pata, eran comprados para realizar tareas de servidumbre de tipo domestico, destaquemos que para las tareas rurales así como para las explotación de las minas se contaba con “el recurso gratuito e insustituible” de la mita la encomienda y el yanaconazgo. Si un indio moría en una mina era remplazado sin costo alguno, mientras que un negro, ocasionaba una “perdida a su propietario”.
En 1708 se le concedió a la Compañía de Guinea (importadora francesa de negros) tener en nuestras costas un “asiento de esclavos”. En los tiempos en que la trata era ejercida por la Compañía Francesa, ésta adquirió un terreno ubicado al pie de las barrancas, al sur de la ciudad de Buenos Aires (aproximadamente Parque Lezama).
En 1715 se instaló la South Sea Company (Compañía inglesa de los Mares del Sur) que construiría un depósito de esclavos en Retiro, cerca de la actual Plaza San Martín. En 1731 se trasladó cerca del actual Parque Lezama, entre Defensa y Bolívar.
Durante su tiempo de acción es que se inició la concentración de negros en el lugar llamado El Retiro y que corresponde al actual emplazamiento del edificio Cavannagh, frente a la Plaza San Martín.
Ya en América niños y adultos eran conducidos al asiento de negros, vueltos a carimbar -al lado del estigma de fuego anterior- donde la compañía ponía sello y propiedad. Una cuarentena les curaba las heridas del viaje, los alimentaban y cuidaban para ser vendidos a buen precio en un mercado a cielo abierto donde desnudaban a hombres, mujeres y niños para que los compradores echaran la mirada y palpasen sus cuerpos y según la edad y fortaleza pagaban en monedas de oro el valor de sus personas
El censo de población de 1778 nos informa que la ciudad de Buenos Aires tenía 24.363 habitantes, de los cuales 7256 eran negros y mulatos (el 29.73%).
En el noroeste argentino -la zona de mayor densidad poblacional en aquellos días- sobre un total de 126.000 habitantes, 55.700 eran negros, zambos y mulatos (44.20%).
En Tucumán representaban el 64% de la población. En Santiago del Estero, 54%; en Catamarca, 52%; en Salta, 46%.
En Córdoba (Argentina) sobre 44.052 pobladores el 60% por ciento eran negros, mulatos o mestizos.
Para 1810 diversos estudios consideraban que la población de negros y mulatos constituía el 40 % de la población total del virreinato, mientras que a fines de la década de 1880 la proporción se redujo a menos del 2 %
En 1810, los comienzan a conchabar en el ejército en regimientos separados. En la Guerra de la Independencia se nenecita de los esclavos, para defender la libertad.
La reglamentación de la Asamblea establece: “que los negros nacidos con posterioridad a 1813” permanecerán hasta los veinte años de edad “bajo la protección de sus amos”, quienes han de disponer de ellos sin abonarles salario alguno por su trabajo.
Esta protección denominada derecho de patronato puede enajenarse mediante la entrega de una suma de dinero.
Venden a los esclavos varones aptos para el servicio de las armas, tomados por los buques durante la guerra contra Brasil, al Estado para que sirvieran en las fuerzas armadas por cuatro años.
Luego de ello quedaban libres, si sobrevivían a los combates. Los otros esclavos tomados por esos buques, ingresaban como libertos y podían ser alquilados por un peso mensual por el Estado a sus patrones.
Los diarios de la época de 1813 y 1852 anuncian con frecuencia “la venta de derechos de patronato”.
Recompensas a quien los devuelva niños de color nacidos con posterioridad al año 1813 son ofrecidas por sus amos
Los libertos mayores de dos años pueden quedar en poder del dueño de la esclava en caso de que éste venda a la madre, situación que no presenta modificación alguna con respecto a la observada en los peores momentos anteriores a 1810. No existen entonces diferencias de fondo entre patronato y esclavitud.
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